

Paloma, con su alma inquieta, es la esencia artística que da vida a cada pieza, su intuición y su sensibilidad guían cada proceso. Paloma no solo crea, sino que cultiva un espacio de crecimiento y descubrimiento, donde la ilusión de seguir evolucionando se mezcla con la satisfacción de ver cómo su arte florece en cada rincón. Para ella, el taller es un refugio de posibilidades infinitas, un lugar donde los sueños se modelan con barro, y cada día se nutre de la esperanza de expandir su visión artística más allá de lo conocido.


Francisco, en cambio, mantiene el equilibrio, guiando el flujo de ideas hacia una realidad posible, asegurando que cada proyecto crezca en armonía. Francisco, con su mirada pragmática y meticulosa, entiende que el arte no solo se crea con las manos, sino también con la mente. Para él, los números y las finanzas son una extensión del proceso creativo, tan esenciales como el barro que se moldea. Con su enfoque equilibrado, logra que el taller no solo respire creatividad, sino que se mantenga firme en la realidad, asegurando que cada proyecto se sostenga sobre una base sólida. Para Francisco, gestionar los números del taller es un arte en sí mismo, un ejercicio de equilibrio donde las cifras se entrelazan con la visión creativa de Paloma, permitiendo que KOI crezca de manera sostenible y que sus sueños se hagan posibles, sin perder nunca de vista la belleza del proceso.